LA SKY POOL DE EMBASSY GARDENS, UNA AUTÉNTICA MARAVILLA ESTRUCTURAL

30/06/2026
David Lladó i Porta

ARQUITECTURA

El Sky Pool es el elemento más singular del conjunto residencial Embassy Gardens, promovido por EcoWorld Ballymore en el barrio de Nine Elms de Londres, junto a la nueva Embajada de los Estados Unidos. Situada en la décima planta, a unos 35 m sobre el nivel de la calle, la piscina conecta dos torres residenciales de diez plantas y actúa simultáneamente como piscina, pasarela y elemento estructural. Con una longitud total de 25 m, de los cuales aproximadamente 14-15 m salvan la luz entre los edificios, constituye una de las aplicaciones más innovadoras del acrílico estructural en arquitectura.

El proyecto respondía al reto de ubicar una piscina de grandes dimensiones en la cubierta de dos edificios sin ocupar el espacio destinado a las instalaciones. La solución adoptada consistió en convertir la propia piscina en la estructura portante que une ambas torres. El conjunto está formado por un tramo central monolítico de acrílico colado (PMMA) y dos vasos de acero inoxidable en los extremos, apoyados directamente sobre los edificios, que integran los accesos, la iluminación y parte de los equipos de filtración.

Los muros laterales de acrílico, de unos 3 m de altura y cerca de 180 mm de espesor, trabajan como vigas de gran canto capaces de soportar simultáneamente el peso del agua, la presión hidrostática y las acciones del viento. La base, de unos 360 mm de espesor, y las uniones adhesivas transparentes entre los paneles permiten obtener una estructura continua con una transparencia prácticamente absoluta. La piscina contiene aproximadamente 150.000 litros de agua y el conjunto alcanza un peso cercano a las 200 toneladas.

La ingeniería estructural fue desarrollada por Eckersley O'Callaghan, que inicialmente había estudiado una solución de vidrio y acero, pero finalmente optó por el acrílico. Aunque este material presenta una resistencia inferior y una deformabilidad mucho mayor que el vidrio, ofrecía ventajas decisivas: la posibilidad de obtener uniones prácticamente invisibles, un índice de refracción muy similar al del agua —que minimiza las distorsiones visuales— y la eliminación de perfiles metálicos u otros elementos auxiliares. Hasta entonces, el acrílico estructural de estas dimensiones solo se había utilizado en grandes acuarios, pero nunca como elemento portante entre dos edificios.

Uno de los aspectos técnicos más relevantes es la resolución de los movimientos relativos entre ambas torres. La piscina no está fijada rígidamente a los edificios, sino que descansa sobre apoyos similares a los de un puente, que permiten el deslizamiento y absorben los desplazamientos provocados por el viento, los asientos diferenciales y las variaciones térmicas. El conjunto se mantiene unido mediante tirantes de acero inoxidable pretensados y sistemas de muelles que compensan la dilatación del acrílico, manteniendo una tensión constante y garantizando la estanqueidad de las juntas. De este modo, toda la piscina funciona como una estructura independiente o "caja flotante", capaz de desplazarse ligeramente respecto a cada una de las torres.

El dimensionamiento se desarrolló mediante modelos de elementos finitos (FEA), considerando numerosas hipótesis de carga, entre ellas el peso propio, la presión hidrostática, la sobrecarga de uso, la acción del viento, los asientos diferenciales, las dilataciones térmicas y las vibraciones. El espesor del acrílico no se definió únicamente por la resistencia del material, sino también por su comportamiento a largo plazo frente a la fluencia, con el objetivo de garantizar la seguridad estructural durante toda la vida útil.

La fabricación fue realizada por Reynolds Polymer Technology, empresa estadounidense especializada en grandes estructuras de acrílico. El proceso requirió la construcción de un horno específico para llevar a cabo los ciclos de recocido necesarios para eliminar las tensiones internas. Posteriormente, la pieza fue transportada desde Estados Unidos hasta el Reino Unido y elevada hasta la décima planta, donde se colocó sobre los apoyos definitivos con tolerancias milimétricas, culminando una de las operaciones de montaje más singulares de la ingeniería estructural contemporánea.