El Camp Nou se encuentra en un momento de transición histórica, no solo deportiva sino también arquitectónica y estructural. El paso del estadio proyectado por Francesc Mitjans a mediados del siglo XX al nuevo estadio del siglo XXI permite leer con claridad la evolución de los sistemas constructivos, de la manera de entender la estructura y de la relación entre arquitectura, ingeniería y espectáculo deportivo.
En 1954, Francesc Mitjans recibió el encargo de proyectar el nuevo estadio del Futbol Club Barcelona. Arquitecto reconocido y con una amplia trayectoria profesional, abordó el proyecto con un rigor metodológico poco habitual en aquel momento. Antes de definir la propuesta, realizó un viaje de estudio por los principales estadios europeos -París, Roma, Londres, Zúrich, Helsinki- analizando soluciones, geometrías y sistemas de graderío. De estos viajes solía destacar lo que funcionaba y lo que no, hasta que una visita posterior al Maracaná acabó de consolidar la idea de un estadio de gran escala y carácter monumental. Aunque rechazó su trazado excesivamente ovalado, que alejaba parte del público del terreno de juego, asumió su dimensión y ambición como referentes.
De regreso a Barcelona, se optó por ampliar el programa inicial y aumentar considerablemente la capacidad prevista, lo que comportó la adquisición de más suelo y una fuerte tensión económica para el club durante décadas. El proyecto definitivo, desarrollado conjuntamente con Josep Soteras Mauri y Lorenzo García-Barbón, dio lugar a un estadio para cerca de 100.000 espectadores, ampliable y con una imagen rotunda, convirtiéndose en una de las grandes obras de la arquitectura deportiva europea del momento.
En este proyecto, la contribución de Josep Soteras fue especialmente relevante en la definición geométrica de las gradas. Soteras había proyectado pocos años antes la tribuna principal del antiguo campo de Sarrià, una obra innovadora por su geometría ovalada y por la excelente visibilidad desde cualquier punto. Aquella solución, basada en una relación muy precisa entre pendiente, distancia y campo visual, se trasladó posteriormente al Camp Nou, esta vez desplegada en 360 grados. De este modo, el Camp Nou incorporaba una lógica geométrica procedente de Sarrià, evidenciando que, desde el punto de vista arquitectónico, la rivalidad deportiva quedaba en un segundo plano.
Durante más de medio siglo, la imagen del estadio ha estado definida por esta grada continua y por la cubierta de la tribuna principal, una estructura clara y directa, ligera y contrapesada por la fachada de la tribuna. Sin embargo, el nuevo Camp Nou abandona definitivamente esta lógica para adoptar un sistema estructural radicalmente distinto.
La futura cubierta se concibe como una gran estructura atirantada basada en dos anillos de acero de geometría ovalada: un anillo interior, situado inicialmente a nivel del césped, y un anillo exterior, colocado desde el primer momento en la cota superior de la tercera grada. Ambos anillos quedarán conectados mediante tirantes de acero trenzado de gran diámetro, que trabajarán íntegramente a tracción. El proceso constructivo es especialmente singular: el anillo interior se elevará progresivamente mediante el tensado simultáneo y equilibrado de todos los tirantes, hasta quedar suspendido sobre el estadio en su posición definitiva.
Desde el punto de vista estructural, el sistema puede entenderse como una rueda de bicicleta de dimensiones excepcionales. A diferencia de una rueda convencional, donde solo los radios superiores trabajan realmente a tracción, en este caso todos los tirantes participan simultáneamente en el equilibrio del sistema, generando un comportamiento mucho más homogéneo y estable. Este tipo de solución deriva directamente de los trabajos pioneros de Frei Otto y Jörg Schlaich, especialmente de las cubiertas tensadas del Anillo Olímpico de Múnich de los Juegos de 1972, un referente absoluto de la ingeniería estructural contemporánea.
Aunque existen otros estadios con sistemas similares, como el Wanda Metropolitano de Madrid, el Estadio de la Cartuja de Sevilla o, parcialmente, San Mamés en Bilbao, la diferencia fundamental del Camp Nou radica en su escala. La cubierta proyectada será, una vez ejecutada, la cubierta atirantada más grande del mundo construida hasta la fecha.
A pesar de su apariencia contemporánea, este sistema no es tan nuevo como podría parecer. Ya a principios del siglo XX, Antoni Gaudí utilizó una estructura claramente asimilable a una rueda de bicicleta atirantada en la Pedrera, hacia el año 1906. Todavía hoy, en el sótano del edificio, puede observarse esta solución estructural ejemplar, adelantada a su tiempo y de una claridad conceptual extraordinaria.
El paso de la cubierta de tribuna del Camp Nou original a la nueva cubierta atirantada sintetiza así más de cien años de evolución arquitectónica y estructural. Del hormigón al acero, de la tribuna clásica a la ligereza estructural de una rueda de bicicleta de gran escala, una transformación que muestra cómo la arquitectura de los estadios sigue siendo un campo privilegiado para comprender la relación entre técnica, espacio y emoción colectiva.